lunes, 21 de febrero de 2011

Dedicado: A aquel gran ser.

No la echo de menos a ella sino a la persona que fuí cuando estabamos juntos. No echo de menos ni su olor, ni sus ojos ni su risa. Sólo echo de menos aquella parte de mí que sabía cómo ver, cómo oler y cómo escuchar. No echo de menos la felicidad que ella me dió, sino el interior que supo recibirla, plantarla y cuidarla.

Me echo de menos a mí mismo.

A aquel bucanero de su corazón que sonreía a la vida y disparaba los cañones contra lo imposible.
A aquel tontuno que se peleaba con sus sábanas.
A aquella máquina que producía sonrisas y carcajadas que afloraban desde lo más profundo del alma.
A aquel "enfant terrible" que soñaba en verso y dibujaba universos de papel.
A aquel cosmonauta que viajó por el frío espacio solo para encontrar su amor.
A aquel minero que cavó durante años un pozo buscando calor y se quedó atrapado dentro.
A aquel bombero que incendiaba más donde había fuego y rescataba sentimientos de los árboles.
A aquel viajante freudiano, devorador de sentimientos y amante de as causas perdidas.
A aquel romántico poeta enfermo de amor dispuesto nadar por las aguas del inframundo sólo para reunirse con su complemento.

Al iluso.
Al crédulo.
Al inocente.


(Espero que sepas el camino de vuelta a casa, alguien se ha comido tu rastro de miguitas)
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