lunes, 21 de febrero de 2011

Dedicado: A aquel gran ser.

No la echo de menos a ella sino a la persona que fuí cuando estabamos juntos. No echo de menos ni su olor, ni sus ojos ni su risa. Sólo echo de menos aquella parte de mí que sabía cómo ver, cómo oler y cómo escuchar. No echo de menos la felicidad que ella me dió, sino el interior que supo recibirla, plantarla y cuidarla.

Me echo de menos a mí mismo.

A aquel bucanero de su corazón que sonreía a la vida y disparaba los cañones contra lo imposible.
A aquel tontuno que se peleaba con sus sábanas.
A aquella máquina que producía sonrisas y carcajadas que afloraban desde lo más profundo del alma.
A aquel "enfant terrible" que soñaba en verso y dibujaba universos de papel.
A aquel cosmonauta que viajó por el frío espacio solo para encontrar su amor.
A aquel minero que cavó durante años un pozo buscando calor y se quedó atrapado dentro.
A aquel bombero que incendiaba más donde había fuego y rescataba sentimientos de los árboles.
A aquel viajante freudiano, devorador de sentimientos y amante de as causas perdidas.
A aquel romántico poeta enfermo de amor dispuesto nadar por las aguas del inframundo sólo para reunirse con su complemento.

Al iluso.
Al crédulo.
Al inocente.


(Espero que sepas el camino de vuelta a casa, alguien se ha comido tu rastro de miguitas)
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jueves, 17 de febrero de 2011

Huele a tú

Lo primero que respiré fue un olor suave y dulce con algunos toques de cálida bienvenida.

Con los ojos cerrados respiré el olor de la esperanza inocente e ilusa, el olor de las doncellas encerradas en grandes castillos, el olor del dolor y de la alegría más pura. El olor a largas charlas y paseos agradables. El olor a sueños inalcanzables. El olor de las idas y de los reencuentros. El olor de bellas durmientes que desean despertar.
Un olor rojo, visceral... El olor del corazón y de la sangre. El olor de las mariposas y de la risa. El olor de cuerpo. El del dolor de la tristeza que se clava en lo más profundo del ser...

El olor del amor, de sus pétalos y sus espinas
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lunes, 14 de febrero de 2011

Cuestión de minutos

En tan solo unos minutos: nacen miles de bebés en el mundo, millones de personas se abrazan y besan, cientos de miles se demuestran su cariño, cientos marcan su primer tanto, miles se acuestan juntos, cientos se regalan cosas importantes, miles hacen lo que les gusta, millones se levantan con una sonrisa...

Pero también en custión de minutos, eres capaz de destrozarte la vida, y no sólo la tuya. En cuestión de minutos te conviertes en un monstruo devorador de personalidades y arrasas con todo lo que se te pone por delante. En cuestión de minutos eres capaz de hacer llorar a alguien importante. Y en cuestión de minutos, te arrepientes.

Pero es cuestión de meses hacer que todo eso desparezca.
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